lunes, 15 de julio de 2013

II Carrera de Obstáculos de Elche

El pasado domingo 7 de julio, casualmente me encontré con el dispositivo montado para la recepción de los participantes en la segunda carrera de obstáculos de Elche.

Organizada por el Grupo de Atletas Montañeros y Escalada, GAME, la prueba consiste en 10 kilómetros de carrera esquivando o atravesando hasta 25 zonas de obstáculos: bloques de paja, pirámides de troncos de palmeras, tubos nocturnos, alambradas, contenedores de agua, tela de araña de cuerdas, montañas de arena, barro deslizante, zona pantanosa, neumáticos, entre otros.

La propia organización señalaba la prueba con un grado alto de dificultad por sus características (el recorrido debía cubrirse en 3 horas).

Coincidir con un acontecimiento de este tipo obliga a cualquiera que lleve una cámara a tomar alguna foto. A ello me apresuré al descubrir la meta en el parque Municipal.

domingo, 30 de junio de 2013

Ninots fotógrafos, Hogueras 2013.

Tenía el propósito de inmortalizar fotográficamente a los ninots que portasen cámaras en la hogueras de San Juan de Alicante de junio de este año, 2013.

Sin embargo, puedo afirmar que mi búsqueda en esta ocasión ha resultado o bien poco fecunda, o bien un desastre, porque solo he encontrado dos ninots que reuniesen los requisitos que buscaba.

Mientras que en ediciones anteriores eran ciertamente frecuentes los ninots, con aspecto o no oriental, que reflejaban a los turistas que asistían a estas fiestas, los artistas de este año no se han hecho eco de los visitantes a las famosas hogueras, o de todos los curiosos que desean “llevarse a casa” un trocito de su obra dentro de la caja negra de sus aparatos fotográficos. Eso, o yo he estado muy torpe en mi búsqueda, cosa que también es más que probable.

¿Algún lector ha encontrado algún otro ninot fotógrafo?

lunes, 17 de junio de 2013

Oda al gato que piensa

 

Esta es la oda al gato que piensa.

 

Pensemos en un gato un instante.

No en un gato pequeño ni grande,

pero pensemos en él en blanco y negro,

aunque creamos que es un gato medio.

 

Imaginemos una caja.

 

Una caja contenida y rodeada

incluso, por otra caja envuelta.

Si la segunda era algo mayor,

la primer habrá de ser más pequeña.

 

Imaginemos un perro.

 

Un perro curioso que las cajas olfatea.

Una caja por otra caja contenida,

en transportines, ahora convertidas,

la mediana y la más grande.

 

Las dos cajas al gato rodean.

El gato ocupa un espacio,

dentro del  transpotín pequeño,

que dentro está del transportín mayor.

 

El perro mira al gato.

Nosotros miramos al perro.

El perro mira al gato.

¿en qué piensa el gato?

 

En lo que sea que el gato piense,

le dedicamos esta oda:

Oda al gato que piensa.

lunes, 3 de junio de 2013

Para llamar a casa

Yo era un extraterrestre recién llegado a la Tierra. Venía a pasar unas semanas de vacaciones, pero mi nave se averió al intentar aterrizar y tuve que ir a la ciudad más cercana para llamar a la grúa.

Aún faltaban casi tres semanas para que llegase el verano, y el ambiente por suerte todavía no era caluroso. Para pasar desapercibido e integrarme entre los nativos, me puse una chaqueta de algodón, y me cubrí con una capucha. Así vestido, podía caminar cautelosamente sin levantar sospechas. Caminaba calle arriba y calle abajo, buscando entre casas y edificios, entre coches y las aceras, alguien que me pudiese ayudar.

Pero debía ser la hora de la siesta, o de la telenovela, porque no se veía a nadie en la calle. No había un alma. No había una sombra con quien poder hablar. Ni un turista perdido en bañador, ni una señora o señor, fregona y cubo en mano, refrescando el asfalto. No había niños jugando con su balón, ni jóvenes con su smartphone ocupando el parque o los portales de los vecinos.

De pronto, vi justo lo que necesitaba.

Ahora solo me hacía falta un boli y un trozo de papel, o mejor, unas monedas para realizar una llamada a casa…

“…Mi casa… teléfono, mi casa…”

lunes, 27 de mayo de 2013

Perdido en la ciudad

Posiblemente se trataba de la primera vez que mi hermano gemelo y yo visitábamos la ciudad. Nada serio, por supuesto. Una vuelta a la manzana, tal vez acercarnos hasta el centro, mirar algún comercio y volver a nuestro armario. Nuestro hogar, un pequeño cuchitril de ocho pisos, con cuatro vecinos por planta, y un tremendo olor a pies, era literalmente un zapatero.

Aquella marcha era prácticamente nuestro primer paseo por la calle. Enormes edificios se alzaban ante nosotros, miles de desconocidos inundaban las aceras. Todo a nuestro alrededor era ruido, voces, bocinas, humos y luces cambiantes de color. Pies enormes a diestra y siniestra invadían las aceras por las que nos dirigíamos. Gigantescos calzados, unidos a pies no menos enormes, entroncaban en piernas interminables que concluían en humanos igualmente colosales.

El traqueteo de nuestra marcha a veces se interrumpía ante la inesperada intersección de avenidas perpendiculares al camino. Todo era nuevo, todo era desconocido para nosotros. Y entonces ocurrió. El mundo de pronto se detuvo con un enorme dolor de cabeza. Fue apenas un segundo pero vi como sobre mí pasaba una nube. Un edificio con ruedas que volaba raudo hacia el otro extremo de la calle. Miré a la derecha, miré luego a la izquierda, al lugar donde él debía acompañarme, y mi hermano ya no estaba. Mi hermano gemelo había desaparecido. Se había perdido entre los miles de transeúntes absortos en su caminar desordenado.

No sin un gran esfuerzo me subí a una pequeña tarima. Intenté gritar, llamar la atención de mi hermano… De nada sirvieron mis intentos de llamarlo y hacerle volver. Ya estaba demasiado lejos. Pero quizá cuando ella observe que me he perdido, repita el camino y me encuentre. Aquí la esperaré a ella y a mis pies, para volver a caminar junto a mi hermano gemelo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Celebración del ascenso del Elche Club de Fútbol

Además de las fiestas patronales, y los fuegos artificiales unidos a ellas, si hay algo que entusiasma a la mayoría de ilicitanos, es el equipo de fútbol local. Estos días se celebra por todo Elche el tan esperado ascenso de su equipo, Elche Club de Fútbol, a primera división. Hace 22 años que no jugaba en esa categoría.

No ha sido algo que haya llegado de repente, sino que ya durante las últimas semanas, a medida que los resultados dejaban claras las probabilidades matemáticas de ascender de división, se han sucedido por toda la ciudad los lanzamientos de cohetes con las idas y venidas de coches que, conducidos por seguidores del equipo y con una mano sobre el claxon, no dejaban de recordar a los vecinos estos previsibles resultados deportivos.

He de confesar que no soy hincha de ningún equipo. De hecho ni siquiera me gusta el fútbol. Pero reconozco que ver cómo se acercaban los autobuses con los jugadores y todos los vehículos y aficionados que les seguían por las calles, es un suceso lo suficientemente poco habitual como para no dejar la ocasión sin hacer alguna foto del momento.

Con los dos autobuses de jugadores y seguidores escoltados por la policía y cientos de fanes y aficionados con sus vehículos particulares, algunos seguidores del equipo iban abriendo camino y llamando la atención del resto de vecinos, colocando tracas en algunas calles mientras se dirigían en dirección al estadio local, el Martínez Valero. Allí les esperaba el resto de la afición para una recepción y la merecida celebración.

Precisamente, capté esta foto al colocar una de esas tracas al paso del primer autobús que llevaba al equipo. En el mismo momento de su detonación puede verse a la derecha de la imagen a un intrépido, inconsciente o desafortunado, fan o transeúnte, que cruza en ese justo instante por encima de la traca ya accionada.

De esta casualidad me consta que no debió llevarse otra cosa que un buen susto, porque pudo continuar con su marcha hasta el estadio sin atención médica de ningún tipo. Ver para creer…